La tercera es la vencida

Soy la menor de mis hermanas. La tercera y última. 

Dicen que los hermanos menores suelen tener menos problemas y están bien encaminados porque tienen de ejemplo a sus hermanos mayores. Sin embargo, a veces no se considera que todos son diferentes en habilidades, cualidades y defectos. 

Mis hermanas y yo estudiamos en el mismo colegio. La mayor terminó sus estudios cuando yo tenía solo un año, pero sus profesores seguían enseñando cuando mi otra hermana y yo entramos a estudiar ahí. Así que su “legado” seguía intacto. Ella fue presidenta estudiantil y de los primeros puestos de su salón, solía representar al colegio en diferentes actividades y resaltaba por sus cualidades al hablar en público. Mi otra hermana resaltó en el deporte y participaba en los equipos de vóley y atletismo, siempre traía medallas a casa y, además, era buena en las materias; ella también estaba entre las primeras de su salón. 

Y luego, estaba yo. Odiaba matemática, solía ser el curso más bajo que tenía, seguido por comunicación, historia y geografía, física, química… Eso sí, sacaba veinte en música y danza. Pero por supuesto: “estos no contaban”. 

Debido a ello, las comparaciones eran inevitables. “Rentería; la hermanita de Grace y Mariagracia”, “Yo les enseñe a tus hermanas y eran de las mejores”, “Tu hermana era muy buena en este curso, supongo que tú también lo serás”. Pero no, no lo era. Y no quiere decir que no me esforzaba, claro que sí lo hacía, pero hay cosas que simplemente no son para uno, aunque todos suponen que deben de serlo.

Para cuándo yo estaba en cuarto de secundaria, mi hermana mayor ya era abogada y la segunda estudiaba para ser ingeniera. 

A esa edad recuerdo tener muchas crisis por lo que sería de mí en un futuro y las expectativas que los demás tenían de mí no eran las más altas. Era considerada la oveja negra de la familia. 

Y como buena oveja negra, no iba a dejar que me dijeran lo que iba a ser. 
Ahora soy de los primeros puestos en la facultad de mi universidad, trabajo y estudio. Me hago cargo de pagar mis estudios. Y además de eso, hago teatro. 

Estoy segura que si le hubiesen dicho a mi mamá y a mis profesores lo que yo haría, no lo hubieran creído. Pero de eso se trata: de seguir a pesar de lo que te digan, de perseguir lo que te mueve, de ser tú. No hay mejor aliento y motivación que la que se da uno mismo. Si yo hubiera creído que no podía lograrlo, probablemente así hubiera sido.

Aún hay muchas cosas que quiero hacer y metas por cumplir y  sé que lo lograré. Ese siempre será mi primer paso.

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