Me muero de miedo

Me muero de miedo

“Aprendí que el coraje no es la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre él. El valiente no es quien no siente miedo sino aquel que conquista ese miedo” – Nelson Mandela

A medida que vamos creciendo nos volvemos más conscientes del miedo y no porque este vaya creciendo con nosotros, sino porque en verdad la presión que ejerce la sociedad en nosotros se hace más notorio; cuando éramos niños, pretendíamos tener mil y un súper poderes, pero cuando comenzamos a darnos cuenta de que hay más peligros de los que mamá nos había previsto, le tememos a todo.

Desde que uno tiene conciencia, lo limitan y le infunden miedos que van quedándose grabados en su mente: “no toques eso porque te vas a lastimar”, “si te subes ahí te vas a caer”, “no grites o te va a caer un solo manazo” (esa era de mi madre); y es que siendo niños queremos hacer de todo, ver todo el mundo, ir hasta donde nos den las fuerzas y disfrutar del llegar allá, pero nos meten en la cabeza que el camino tiene muchos peligros y que no deberíamos recorrerlo.

Ya cuando somos adolescentes comenzamos a tomar más en cuenta todas estas acotaciones hechas por nuestros padres y por la sociedad: “No te vistas así porque te van a mirar mal”, “No hagas eso porque te van a decir raro”, “Si le dices lo que sientes se va a burlar” y así mil y un motivos más para no hacer lo que realmente queremos hacer, mil y una razones más para sentir miedo.

Y así estaba yo, comenzaba a temerme a mí mismo, pensaba que no me conocía, ya que hacía cosas que no me agradaban, pero que al resto sí, y ahí nace el segundo tipo de miedo que se infunde en todos nosotros, que es el más común de todos, el miedo “imaginario”, “un miedo irreal que constituye un grave problema para el individuo y, muy a menudo, se convierte en el factor que predispone para que la desgracia imaginaria que uno teme, se produzca realmente.” Pensaba que, si dejaba de hacer lo que ellos hacían, o si dejaba de ser como pretendía y era yo mismo, sería juzgado y abandonado por todos. Mis actitudes tuvieron un solo resultado, comenzar a defraudar a quienes realmente les importaba, mi familia, mis padres, y hasta mi tutor del colegio. Este último fue quién me ayudó a romper esa barrera mental que tenía y cuando por fin lo hice me di cuenta de que algunos de mis “amigos”, en realidad, no lo eran, me alejé de gente tóxica que me infundían ese miedo y esa presión para ser otra persona.

Este fue el primer paso, este fue el punto donde dejaba de tocar fondo y comenzaba a enfrentar mis miedos, a ser quien soy y hacer realmente lo que quería.

Lo que siguió fue comenzar a conocer gente que comenzó a sumar a mi vida, a darle sentido, gente que hasta el día de hoy mantengo a mi lado porque son personas realmente grandes, que me hacen ser mejor, que mejoran con el tiempo y que me dejan ser quién soy. Así es como hoy hago mil cosas que me siguen ayudando día a día a superar mis miedos, los deportes extremos, el teatro, este discurso por ejemplo, son cosas como esta las que te hacen enfrentar y vencer tus miedos.

Hace poco leí esto: “no le tienes miedo a la oscuridad, tienes miedo a lo que hay en ella; no le tienes miedo a las alturas, sino a caer; no tienes miedo ante la gente que te rodea, tienes miedo al rechazo; no le tienes miedo a el amor , sino a no ser amado; no tienes miedo a dejar ir, tienes miedo a aceptar la realidad que ya se fue; no tienes miedo a intentar otra vez , tienes miedo a ser lastimado por la misma razón otra vez.”

Aquí comprendí porque muchas veces las personas dejan de intentar al primer fallo, creen que siempre será así y dejan de hacer las cosas que quieren, y también entendí que mientras más veces te enfrentes a tus miedos, más veces vas a vencer porque cuando rompemos la pantalla que refleja todos nuestros miedos, vemos el verdadero paisaje de las cosas y lo que en realidad va a pasar.  Así que, para todos, enfrenten sus miedos, rompan barreras y no dejen de darle batalla a los temores porque sólo así obtendrán todo lo que realmente quieran y serán felices.

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