Una rebelde orgullosa

Una rebelde orgullosa

Desde que somos pequeños tenemos dos opciones: Hacer lo que nos digan los demás o lo que nosotros queramos.

Cuando eres niño debes obedecer a mamá y hacer todo lo que ella diga; lo debes hacer para así ser un buen hijo e ir convirtiéndote en una buena persona, después de todo, la mujer que más te quiere, no te va a obligar a hacer algo malo; excepto decirte que le digas a la vecina que no está en casa, cuando en realidad está en la cocina.

Pero llega un momento en el que las decisiones que deber tomar no son tan fáciles e incluso mamá se puede equivocar. Es un ser humano, y a pesar del amor que te tiene, no puede tomar todas las decisiones por ti.

Nunca me he caracterizado por ser la hija más obediente. Solía buscar excusas desde pequeña para siempre salirme con la mía. “Mamá, puede entregar un trabajo extra para mejorar mi nota”, “Mamá, papá me puede dar dinero para el cine, yo lo llamo”, “Mamá el papá de Fiorella nos puede llevar a la fiesta”. Por ello, siempre me caractericé por ser la rebelde de la familia, la que siempre (o casi siempre) se salía con la suya.

Pero llega el momento de tomar una decisión (la más difícil de la adolescencia) sobré qué camino deseas seguir el resto de tu vida. En mi caso era la carrera profesional que tenía que escoger y no podía dejar que las personas que estaban a mi alrededor tomen esta decisión por mí.

Escogí artes escénicas. Bueno, no se pudo dar, ya que mi contexto económico y social no me favorecían, debido a que la carrera no estaba en Piura y para irme de la ciudad necesitaba apoyo económico, el cual no tenía.

Así que investigue, investigue y seguí investigando… Hasta que la encontré: Psicología.

Me enamoré por completo, era interesante, divertida, tenía un propósito, algo bueno para la sociedad tan dañada y triste. Eso era para mí.

Como era de esperarse, mamá no estuvo de acuerdo conmigo.

“No vas a estudiar una carrera de vagos”, “Con esa carrera te vas a morir de hambre”, “Esa no es una carrera de verdad”, son sólo algunas de las cosas que le decían los demás a mi mamá, cosas que después ella me repetía.

“Vas a estudiar ciencias de la comunicación”, fue su última decisión. “No”, fue la mía.

Decidí que no quería estudiar algo que no fuera mi elección. No me iba a dedicar mi vida entera a hacer algo que sólo me haría infeliz. No aceptaba enamorarme de una carrera en el camino, yo ya estaba enamorada de una. Así que, decidí trabajar. Decidí no estudiar aquella única carrera que mi mamá aceptaba pagar. Con 16 años, sin experiencia laboral y recién salida del colegio, apliqué a un par de trabajos. Por suerte, me llamaron para uno. Atención al cliente en un restaurante. Era un buen comienzo. Y yo iba a ser la mejor.

Recuerdo poco del tiempo que pasé con mi papá, pero algo significativo que me dejó (no solo porque siempre me lo repetía) fue “Sea lo que sea que vayas a hacer, siempre da todo de ti y serás el mejor; si vas a ser un barrendero, sé el mejor barrendero”.

Así que, si yo iba a ser una mesera, iba a ser la mejor mesera.

Al cabo de un mes, me di cuenta que efectivamente, era la mejor, y las propinas lo reflejaban. Así que decidí investigar precios de mi amada carrera en diferentes universidades. “Voy a ser lo que yo quiera, es mi vida” (aparentemente Barbie había tenido un impacto en mí).

Y así, me inscribí en Psicología a mitad del año 2015; y creo fue la mejor decisión que pude tomar. Estoy segura de que mi vida sería distinta si no hubiera realizado mi propia elección, incluso mi mamá es feliz ahora con mi decisión. La rebeldía no siempre es mala, a veces te impulsa a dar lo mejor de ti, a crecer. Me enorgullece haber sido llamada, “rebelde”.

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