El poder de un niño

¿Recuerdas la última vez que jugaste? ¿Recuerdas la última vez que fuiste con tu hijo, tu hermano pequeño, tu sobrino o cualquier niño a jugar al parque, o jugaste simplemente con sus juguetes?

A medida que vamos creciendo olvidamos la importancia de jugar, olvidamos lo divertido que era sentarse a crear historias fantásticas con diferentes personajes, o correr por la calle, o hacer muecas, o contar cuentos y un sinfín de cosas más que realizábamos sin miedo cuando éramos pequeños.

Y es que nuestra sociedad nos va amoldando y vamos dejando todo aquello de lado, nos piden “madurar” y suplimos lo anterior con conductas “correctas” como caminar y no correr, sentarse y hacer silencio ya que tu idea es “tonta” o “no es buena”, escribir tal cual estaba en el pizarrón porque “el maestro siempre tiene la razón”. Lo irónico es que al llegar al mundo laboral nos piden ser “creativos” y “aportar ideas”, nos dicen que debemos “cuestionar todo”, sin embargo “el jefe siempre tiene la razón”, tal y como los maestros antaño.

Entonces, ¿Simplemente nos olvidamos de esa independencia y nos volvemos “esclavos del sistema”? ¿Debemos mandar a todos a volar y hacer lo que queramos sin importar el resto? ¿Debemos tirarnos en el piso como niños en medio de una reunión o gritarle a nuestro jefe que es un tonto y que no le haremos caso? No, claro que no; la idea es que puedas hacer un espacio para poder hacer esas cosas que te hacen feliz, esas cosas que te animaban tanto cuando eras niño.

Jim Carrey, un grande de la actuación y la comedia nos decía: “Creo que madurar no significa ser una persona seria, mucho menos aburrida; madurar es poder jugar, tontear, bromear, hacer, sonreír como niño, pero recordando nuestras responsabilidades; aceptar que ya no somos niños, pero sin olvidar que lo fuimos.”

Y si se te hace difícil, si tu “madurez” te ha consumido tanto que se te hace difícil jugar y soltarte, te invito a buscar al gurú de la diversión más cercano, ve y acércate a ese hijo, sobrino, nieto, hermanito y simplemente juega, sin juzgar, sin pensar, sin ordenar, vuélvete uno más y verás la vida con ojos diferentes. Todos los niños tienen un poder especial, y es el poder de ver más allá de lo evidente, de crear un mundo maravilloso con una simple caja o contarte una historia fantástica con dos juguetes totalmente diferentes; tienen el poder de cambiar al mundo, de cambiar tu vida, de cambiar tu mente, de volver a transformarte en uno.

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